Sáb. May 21st, 2022

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¿POR QUÉ NO LLAMAR VACUNAS A LAS “VACUNAS” DE LA COVID-19?

Desde el principio de los tiempos el ser humano ha tenido que convivir y sobrevivir al entorno que le rodea. Defenderse de los depredadores era factible porque son visibles, situación diferente presentan las bacterias y los virus.

El ojo humano tiene un límite de resolución en torno a 100 µm (la resultante de dividir 1 m en 10,000 veces), esto quiere decir que todos los objetos con un tamaño por debajo a esta escala son indetectables al sentido humano. En este rango se encuentran patógenos, como las bacterias (diámetro situado en torno a 0.5-3.0 µm) y viruses (tamaño oscilante entre 50-140 nm). Por esta razón, se puede decir que estos agentes patógenos son los “enemigos invisibles” y solamente salta la alarma cuando el individuo presenta un cuadro clínico adverso. Debido a la falta de conocimiento y sensibilidad, bacterias y viruses han causado una mortalidad incuantificable.

La emocionante carrera y lucha del ser humano por aumentar su calidad y esperanza de vida arranca con el descubrimiento de Edward Jenner en 1796 cuando descubrió que la infección con el virus de las vacas inmunizaba a humanos creando la primera vacuna de la viruela [1]. La esperanza de vida en Europa en el momento del descubrimiento de la primera vacuna era de tan solo 37 años de promedio [2]. El segundo gran hito viene a cargo de Louis Pasteur y su descubrimiento de la vacuna antirrábica en 1885. Esta vacuna consiste en la inyección de gérmenes atenuados para despertar el sistema inmunológico y que pueda luchar contra el verdadero agente patogénico. El descubrimiento de las vacunas supuso una revolución en el campo de la medicina y la creación de una nueva metodología de trabajo para tratar las infecciones patogénicas [3].

No obstante, el camino entre el ser humano y las vacunas nunca fue fácil e idílico. Un ejemplo sería la vacuna de la polio promovida por la Fundación Gates en India y que causó más de 650.000 casos de parálisis crónica en niños que habían recibido la vacuna entre los años 2010 y 2017 [4]; obligando al gobierno Indio a rescindir la colaboración con la Fundación. Este ejemplo sirve para visualizar los potenciales peligros que tiene una vacuna sin haber sido exhaustivamente testada.

Desde hace décadas, existen tres fases clínicas o “Trials” que una vacuna tiene que pasar con éxito para ser validada y, posteriormente, sacada al mercado. Estas etapas son: Fase I: comprobación de que los agentes que componen el fármaco son seguros; Fase II: evaluación de la eficacia del fármaco mediante suministración de éste a la mitad de un grupo poblacional de estudio, la otra mitad recibe un placebo realizando un estudio comparativo entre ambos. Fase III: verificación de aspectos de seguridad a medio-largo plazo. Posteriormente, existe una Fase IV cuando el fármaco ya es comercializado para monitorizar su progreso a ultra-largo plazo de tiempo. La duración promedio desde la primera hasta la última etapa antes de la comercialización de cualquier fármaco oscila entre los 8 y los 12 años (dependiendo de los resultados preliminares de cada Fase y la inversión realizada).

Desgraciadamente, a finales de 2019 entra en escena el SARS-CoV-2 (también conocido como COVID-19). Esta enfermedad causa un cuadro clínico amplio que puede variar desde ser completamente asintomática, pasando por una sintomatología de gripe (fiebre, tos, cansancio…) o por enfermedad pulmonar grave, fuerte neumonía y finalmente, la muerte del paciente.

El SARS-CoV-2 tiene unas proteínas de membrana llamadas “spike” que reconocen específicamente a los receptores de las células del cuerpo humano y permiten la internalización del virus y posterior replicación dentro de las células. Las farmacéuticas (Moderna, Pfizer, Astrazeneca, Janssen, BionTech, ….) han desarrollado de manera independiente una vacuna con una tecnología hasta ahora nunca comercializada previamente y en un tiempo récord , menos de nueve meses. Este tratamiento trata de inocular ARN mensajero (ARNm) para que el paciente sobreexprese la proteína “spike”, creando una respuesta inmunitaria con anticuerpos específicos.

Es sin duda uno de los hitos científicos de las últimas décadas teniendo en cuenta los recursos tanto económicos como humanos destinados a tal fin. Precisamente la urgencia del momento ha llevado a la necesidad de un rápido desarrollo y comercialización de la vacuna del SARS-CoV-2, pero con el gran inconveniente de no pasar los “Trials” anteriormente mencionados. Este aspecto, sumado al hecho de que no sea una vacuna tradicional (de agentes patógenos atenuados) sino de ARNm, hace que estemos ante la primera terapia génica experimental a gran escala de la historia.

Los posibles efectos adversos a corto y, sobre todo, a medio y largo plazo son por tanto desconocidos. Las farmacéuticas son conscientes de este suceso y por eso han hecho firmar a los gobiernos cláusulas de exención de responsabilidades en los distintos acuerdos comerciales [5]. Cubriéndose las espaldas ante posibles problemas legales. Pfizer fue multada en EE.UU. a pagar 2.300 millones de dólares por fraude en 2009 [6] por promover ilegalmente el uso de Bextra (sacado del mercado en 2005 por inseguro), Geodon (utilizado para la esquizofrenia), Lyrica (antiepiléptico) y Zyvox (antibiótico) en medicamentos inadecuados, ocultando deliberadamente esta información y pagando sobornos a proveedores de atención médica para fomentar su receta. De esta manera, si un paciente sufre una reacción adversa solamente podría exigir responsabilidades judiciales al gobierno de su país.

Aparte del aspecto legal, se encuentra el sanitario y la multitud de cuestiones todavía abiertas a día de hoy. La proteína “spike” del virus y que sobreexpresa la vacuna de ARNm también se encuentra presente dentro de los retrovirus Herv-k que juegan un papel fundamental en la formación de la placenta y tejidos testiculares [7]. Este tipo de proteínas que después de la vacunación el sistema inmune ataca son las sincitinas que solamente se encuentran en primates del viejo mundo. Por lo tanto, los experimentos realizados con ratas y ratones serían inservibles para visualizar los efectos adversos en los tejidos anteriormente mencionados [8].

Las sincitinas también intervienen en los sistemas inmunológicos y neurológicos. Este último aspecto es perturbador porque recientemente se ha descubierto que la proteína “spike” puede atravesar la barrera hematoencefálica [9]. Esto podría desencadenar en una respuesta inmunitaria y su posterior precipitación proteica con formación de cúmulos en el cerebro, lo cual podría dar lugar a enfermedades neurodegenerativas como el Huntington, Parkinson o Alzheimer [10]. Por último, la sincitina también interviene en el proceso de unión del óvulo y el espermatozoide, lo cual podría derivar en problemas de fecundación [11].

Por todo lo anteriormente comentado hay que sopesar las ventajas e inconvenientes de suministración de la vacuna valorando la situación personal de cada individuo (edad, sexo, etc). Es importante resaltar el concepto ratio beneficio/riesgo. Es decir, sería recomendable suministrar la vacuna a aquellos colectivos con enfermedades congénitas o desarrolladas y mayores de 76 años en hombres y 81 años en mujeres en España (esperanza de vida de 80,9 años y 86,2 años, respectivamente).

Actualmente existen estudios muy preliminares que indican que altos niveles de vitamina D podría tener efectos beneficiosos contra la SARS-CoV-2, minimizando los efectos adversos del cuadro clínico en pacientes graves [12].

Decía Naomi Klein que el miedo solo paraliza cuando no se sabe hacia dónde correr.

Francho Carrasquer (pseudónimo), doctor en Biomedicina por la Universidad de Zaragoza.


REFERENCIAS:

[1] Riedel S. 2005. Edward Jenner and the history of smallpox and vaccination. Proc (Bayl. Univ. Med. Cent). 18 (1), 21-25.

[2] Roser M, Ortiz-Ospina E, Ritchie H. 2013. Life Expectancy. Our World in Data.

[3] Plotkin S. 2014. History of vaccination. Proc. Natl. Acad. Sci. USA. 111 (34), 12283-12287.

[4] Dhiman R, Prakash S.C, Sreenivas V, Puliyel J. 2018. Correlation between Non-Polio Acute Flaccid Paralysis Rates with Pulse Polio Frequency in India. Int. J. Environ Res. Public Health. 15 (8), 1755.

[5]https://www.researchprofessionalnews.com/rr-news-europe-innovation-2020-8-covid-19-vaccines-set-for-eu-protection-against-damage-claims/

https://www.eldiario.es/sociedad/farmaceuticas-ganan-estados-europeos-indemnizaran-efectos-inesperados-vacunas-coronavirus_1_6222300.html

[6] https://www.justice.gov/opa/pr/justice-department-announces-largest-health-care-fraud-settlement-its-history

[7] Kloc M, Uosef A, Kubiak J.Z, Ghobrial R.M. 2021. Exaptation of Retroviral Syncytin for Development of Syncyatialized Placenta, Its Limited Homology to the SARS-CoV-2 Spike Protein and Arguments against Disturbing Narrative in the Context of COVID-19 Vaccination. Biology (Basel). 10 (3), 238.

[8] Hofmann H, Pryc K, van der Hoek L, Geier M, Berkhout B, Pöhlmann S. 2005.Human coronavirus NL63 employs the severe acute respiratory syndrome coronavirus receptor for cellular entry. Proc. Natl. Acad. Sci. USA. 102 (22), 7988-7993.

[9] Rhea E.M, Longsdon A.F, Hansen K.M, Williams L.M, Reed M.J, Baumann K.K, Holden S.J, Raber J, Banks W.A. 2021. The S1 protein of SARS-CoV-2 crosses the blood-brain barrier in mice. Nature Neuroscience. 24, 368-378.

[10] Kakizuka A. 1998. Protein precipitation: a common etiology in neurodegenerative disorders? Trends Genet. 14 (10), 396-402.

[11] Soygur B. and Sati L. 2016. The role of syncytins in human reproduction and reproductive organ cancers. Reproduction. 152 (5), 167-178.

[12] https://www.redaccionmedica.com/secciones/medicina/expertos-sanitarios-insisten-vitamina-d-beneficiosa-contra-covid-9315

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