Jue. Oct 6th, 2022

Menhir, dólmen, crómlech: en as tres pedretas desde los Pirineos a la India.

Visto en Una Antropóloga en la Luna

«‘Siente lo que te digo’, escuché muchas veces cuando era niño, y pasados los años, me he dado cuenta que lo que me pedía mi abuela Serafina, durante aquellos intensos días que viví en la aldea, era que agudizase la atención sobre lo que ella me iba a decir, que juntase la cabeza y el corazón, como cuando se abrazaban los dedos para que no se cayese un solo grano de trigo.»

Enrique Satué. (Siente. Testimonios de aquel Pirineo).


En los pueblos, el tiempo cíclico de las estaciones se sucedían y se fundamentaban unas en otras. Los ejes que cruzaban el paisaje humanizado eran el clima, el agua, la vegetación y la fauna, y el relieve, pero el ser humano lo cincelaba todo mezclando lo biólogico con lo económico, lo social o lo festivo.
Y sigue siendo igual, pero distinto. Hoy, está todo cambiado, especialmente el clima: «Yo digo que ha rodau la tierra», le dice una mujer pirenaica (Aragón, España) a Satué. «¡Oy, aquí! Este año me parece que más que nunca. Ye (la atmósfera) igual de loca que las personas. No sé si más u menos, pero por el estilo», reflexiona otra. Pero hay vestigios que arrancan de la noche de los tiempos, y todavía perviven algunas expresiones aragonesas, como aquella de «ya está en as tres pedretas»: «estar entre las tres peñetas». Esta frase se exclamaba cuando se intuía que alguien iba a fallecer.
Y en el mismo lugar siguen estando esas tres peñetas, los dólmenes. Un monumento megalítico: del griego ‘mega’, que significa grande, y ‘lithos’, piedras. Suelen estar en lugares de gran belleza, donde es más fácil, a nivel espiritual, entrar en contacto con las «potencias superiores». Algo que realmente se ha seguido haciendo casi hasta nuestros días. Las personas de las élites también se hacían enterrar en templos para que su espíritu tuviera mayor accesibilidad hacia el cobijo de los dioses. Y fue así hasta el siglo XVII, cuando las epidemias desaconsejaron estas prácticas (aunque hay todavía excepciones).

El menhir es otro monumento megalítico, una gran piedra vertical hincada en el
suelo. Se desconoce a ciencia cierta la finalidad de estas piedras. Podían ser límites de término para un determinado grupo humano. O quizás eran lugares donde se fijaban el alma del muerto y servirle de morada provisional cerca de los vivos, para incidir en la fertilidad de los campos y animales e impedirle, al mismo tiempo, errar y hacerse peligrosa, según el antropólogo rumano Mircea Eliade. 
 El naturalista José Miguel Navarro Lopez escribe sobre una piedra al borde de un camino, en Pirineos. No parece que tenga nada especial, es como las miles que hay en el entorno, aunque grande y de una forma peculiar. Y sin embargo, «caminantes han colocado, diríase que con ternura, sobre la superficie que todavía guarda huellas en forma de ripples (huellas del oleaje de aquél mar primigenio), pequeñas ramas de boj sujetas por piedras.»»Es conocida como O descansador.» 
«Cuenta que una mujer de casa O Royo de Escartín, de nombre Petra (quédese con este nombre el amable lector, pues no es fruto del azar) estaba de vaquera en la pardina de la Isuala, al este del pueblo. De vuelta a casa, una tormenta provocó una gran crecida del barranco Bergazo, tributario del de a Glera y que normalmente baja con caudal más que menguado. Había que vadearlo obligatoriamente para llegar al calor del hogar. Las vacas, azuzadas por la mujer y gracias a su gran tamaño, lo hicieron pero la infortunada mujer, al intentarlo, fue arrastrada por las aguas.

Cuando las vacas llegaron solas a casa, la familia se temió lo peor. Acompañados de algunos vecinos, empezaron inmediatamente la búsqueda en medio de la tormenta hasta que sus sospechas se vieron confirmadas cuando hallaron el cuerpo sin vida muy cerca de las pasarelas que ayudaban a vadear el Forcos. Cabizbajos y desolados, emprendieron la vuelta al pueblo llevando el cuerpo entre dos personas envuelto en una manta. Pasaron la borda de As eretas, l Artica Lobreca y por las inmediaciones del Tozalón y la raja os moros. Pero el camino era empinado y la tensión y el peso del cuerpo hizo mella entre los porteadores. A la altura de o Plano Serrato, ya casi a la vista del pueblo, una piedra -nuestra piedra- situada a la orilla del camino, parecía el lugar ideal para depositar el cuerpo con un mínimo de dignidad mientras los porteadores descansaban y rezaban una oración por el alma de la difunta. A partir de ese momento, esa piedra dejó de ser una piedra más y se convirtió en un objeto de culto. El alma de Petra, la infortunada mujer ahogada, quedó fijada en la piedra y cualquier viajero que pase por allí deberá dejar un exvoto (una ramita de boj sujeta con una piedra, una piedra sola, un fruto, cualquier cosa) si no quiere que el espíritu de Petra se vaya con él. 

Hasta aquí la práctica y la leyenda, leyenda que podría ser una más. Quizá el recuerdo arcaico de un hecho cierto ocurrido hace siglos. Una mera anécdota de interés histórico, antropológico y/o etnológico. Pero, pese a la insistencia de la tradición oral, pese a la creencia a pies juntillas de este relato, es más que probable que ese óbito nunca ocurriera y que la explicación a esta práctica y a esta leyenda que ha llegado hasta nuestros días sea mucho más profunda».

Y aclara que esta práctica litolátrica no es única en Europa. Aparece entre los Korkus y los Gondas de la India, entre algunas tribus de Sudán y Nueva Guinea o en Sudamérica donde se conocen con el nombre de Apachetas.

Dicen los Muria de la India: «Si crees, es una diosa. Si no crees, es una piedra». Tradicionalmente, la principal diosa de los muria era la Madre Tierra, adorada a menudo en la forma de un montón de piedras.

Pero aún hay más. Todavía hoy, en Chhattisgarh y Madhya Pradesh, estados de la India, muchas tribus aún siguen una tradición funeraria megalítica ininterrumpida. Las comunidades de la India llamadas Bastar Gond, Bison-horn Marias, Dorlas y Murias erigen «uraskal» (menhir) y «danyakal» (dolmen) como memoria a los muertos. El tamaño de los menhires depende de la reputación y la personalidad de la persona. Los gonds creen que sus ancestros viven en este pilar y son responsables de la protección de su clan, y si detienen la tradición es una especie de falta de respeto a su antepasado y pueden enfrentarse a una serie de problemas. Otras tribus de habla munda y hos también tienen prácticas megalíticas idénticas. Mundas, Asurs, Oraons y Hos llaman a un menhir «birdiri» o «burudiri», mientras que para ellos un dolmen se conoce como «sasandiri». 

Los Gadabas, Bondus y Keenghar de Orissa tienen la tradición de erigir menhires,
dólmenes y círculos de piedra con fines conmemorativos y funerarios. También crean círculos de piedra a los que llaman «sindibors». Los dólmenes en la región de Vidharbha se llaman «pandukal» o «pandukutti». Los dólmenes de la comarca de Marayur pertenecen a la Edad del Hierro y se denominan «valivadu» o «muniyara». Las tribus también erigen menhires en memoria de incidentes significativos en sus comunidades, familias y pueblos. Los menhires también se establecen como mojones de sus pueblos. (Para saber más: Megaliths of India)

En otra entrada ya nombré muchos tipos de mojones o hitos, desde el Círculo Polar Ártico hasta Hawai. En Japón, la religión Shinto tenia una practica similar en la que apilaban piedras en ciertos puntos del camino. Dichos amontonamientos servían como morada y adoratorio de entes espirituales denominados genéricamente Kami y cuyo poder aumentaba o decrecia en proporción a las ofrendas recibidas.

De forma similar, los romanos ofrendaban a una serie de divinidades menores de los caminos y encrucijadas (algunas adoptadas de los griegos y los anatolios); entre las mas conocidas están Término (dios protector de los límites e hitos), Hécate (diosa asociada de diversas maneras con encrucijadas, caminos de entrada, magia, brujería…), o los lares, que custodiaban las encrucijadas y vigilaban las ciudades.

«Por otro lado, resulta sorprendente la efectividad, la coherencia y la simplicidad
con que estos rituales se sincretizaron y se hicieron creíbles y asumibles para los habitantes del entorno», explica Navarro. De hecho, no es casual el propio nombre de la supuesta difunta de la leyenda que cuenta. En efecto Petra es traducción literal del latín Piedra. Y explica que Pierre, o piedra, también se llamaba el que fue asesinado según otra leyenda en otro pueblo de la zona, en el Somontano de Barbastro. Su túmulo se incrementa cada vez que pasa un viajero, evitando que el alma del muerto salga de donde supuestamente está enterrado.

Y nos queda el crómlech, otro monumento prehistórico, esta vez compuesto de varias piedras hincadas en el suelo y formando un círculo. Los hay en toda Europa. El más conocido, el de Stonehenge. El nombre procede del bretón y significa «piedra en curva». La arqueología conjetura que eran lugares de incineración. En algunos círculos se han encontrado cerámicas con cenizas y otros restos humanos. Casi siempre se hallan cerca de los ríos o manantiales, y en vías seculares de trashumancia. Hay otra teoría, lanzada por Juan José Ochoa de Zabalegui : son representaciones de estrellas (de algunas estrellas, las más brillantes) siendo el diámetro porporcional a la intensidad del brillo de la estrella representada. Algunas piedras singulares, o «testigos», señalarían el horizonte, visto desde el centro del círculo, los ortos, los ocasos u otros eventos astronómicos. Y volvemos a la India. Porque la investigación moderna ha revelado que varios megalitos en el país como el de Vibhuthihalli, Hanamsagar, Nilurallu, Punkri Burwadih y Chano, se han hecho de acuerdo con orientaciones astronómicas. Estos servían como observatorios de los tránsitos del sol y la luna, quizás, para funcionar como calendarios de sus comunidades.
 «Pues ahora, no es como el cielo estrellado de antes, porque estaba limpio. Si salías a la puerta de noche y veías las estrellas, que parecía que te iban a caer encima…», recuerda Consuelo a Satué. «O sea que por as estrellas… Es como ahora, ahora por el sol yo sé todas las horas», explica Fermín. «A la una le diban del Porqué y l’atra le diban la estrella del Crabé. Yeran mol espurnentas (luminosas). Qu’era cuan teniban que tancá (encerrar) los animals. Sí…», recuerda Carmen, todavía con las estrellas en su mirar.

«Emociona escuchar decir a los mayores que ahora no hay tantas estrellas como antes», se lamenta el mismo Satué. «Es cierto, su vista se ha acortado, pero la contaminación lumínica les impide ver las estrellas.» «Al escuchar esos testimonios nos daremos cuenta de que vivimos en otra galaxia. Todo el día mirando pantallas electrónicas, pero ya nadie sabe leer en la gran pantalla del universo.»

Nos quedan los decires, los hitos y los mitos para orientarnos en estas encrucijadas, en estos cruces de caminos que de vez en cuando nos ofrece la vida. Donde lo mismo avistamos malos presagios o maravillosas oportunidades. Sea como fuere, las piedras seguirán siendo testigos, y quizás hasta nos indiquen el horizonte.

Fuentes:

‘Diccionario de signos, símbolos y personajes míticos y legendarios del Pirineo aragonés’. José Miguel Navarro López.

‘Un año en el Pirineo. Averiguaciones y disquisiciones de un naturalista curioso’. José Miguel Navarro López. 

‘Siente. Testimonios de aquel Pirineo’. Enrique Satué.

‘Tratado de Historia de las Religiones. Morfología y dialéctica de lo sagrado’. Mircea Elíade. 

 https://www-wionews-com.translate.goog/south-asia/why-indian-stone-henges-are-not-unesco-heritage-sites-21158?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=sc

https://www.ancient-asia-journal.com/articles/10.5334/aa.12328/print/ 

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